Probar la traducción manual frente a la automática

El viejo farero, con el rostro curtido por la sal y el sol, observaba el horizonte con ojo experto. Se avecinaba una tormenta, de esas que hacen que el mar pase de un suave susurro a un rugido furioso. Conocía todos los estados de ánimo del océano, todos los trucos del viento y, sin embargo, la imprevisibilidad de todo ello seguía llenándole de una tranquila sensación de asombro. Una gaviota solitaria gritó sobre su cabeza, una última advertencia antes de que el cielo se tiñera de un púrpura magullado, señal de la tempestad que se avecinaba.